• La minería en aguas profundas gana impulso con nuevos actores, en medio de alta demanda por minerales críticos y cuestionamientos ambientales.

La minería en aguas profundas comienza a entrar en una fase de aceleración global, impulsada por la creciente demanda de minerales críticos como cobre, níquel y cobalto, esenciales para la transición energética. Un nuevo actor, Deep Sea Minerals, busca posicionarse en este emergente mercado, desafiando a empresas que habían tomado ventaja en exploración y desarrollo tecnológico.

La compañía apuesta por un modelo “asset-light”, basado en la subcontratación de infraestructura y servicios especializados en lugar de desarrollar activos propios, lo que podría reducir costos y acelerar su entrada en operación. Este enfoque marca un giro estratégico en una industria caracterizada por altas barreras de entrada tecnológicas y financieras.

El avance de este sector responde a presiones estructurales del mercado global. La electrificación, la fabricación de baterías, la expansión de centros de datos y la transición energética han incrementado la demanda por minerales estratégicos, mientras que la oferta sigue concentrada geográficamente, con fuerte dependencia de China en procesamiento y producción.

En este contexto, gobiernos —especialmente en Estados Unidos y países aliados— han comenzado a considerar los minerales críticos como un asunto de seguridad estratégica, impulsando nuevas alternativas de suministro, entre ellas la explotación del fondo marino.

Sin embargo, el desarrollo de esta industria enfrenta una fuerte controversia ambiental. Organizaciones científicas y ambientales advierten que la extracción de nódulos polimetálicos puede generar impactos irreversibles en ecosistemas marinos poco explorados, incluyendo alteraciones en hábitats y generación de plumas de sedimentos que afectan la biodiversidad.

Aunque desde la industria se argumenta que esta actividad podría tener menor impacto que la minería terrestre —al no requerir remoción de suelo, deforestación ni uso intensivo de agua—, el debate sigue abierto y sin consenso científico pleno.

El sector se encuentra, así, en un punto de inflexión. La combinación de presión geopolítica, demanda de minerales críticos y avances tecnológicos está empujando la minería submarina desde la fase conceptual hacia potenciales operaciones comerciales en la próxima década.

Desde una perspectiva estratégica para Chile, este desarrollo introduce un nuevo vector competitivo en el mercado global de minerales. Si bien el país mantiene liderazgo en cobre terrestre, la eventual entrada de nuevos suministros desde el océano podría modificar dinámicas de precios, inversión y posicionamiento en el largo plazo.

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