• Las principales economías buscan asegurar cadenas de suministro ante el dominio chino en minerales estratégicos y tierras raras.

Los minerales críticos volvieron a instalarse en el centro de la agenda económica global. Esta vez, el tema fue abordado por ministros de Comercio del G7 reunidos en París, en una discusión marcada por la necesidad de asegurar cadenas de suministro, reducir la dependencia de China y fortalecer la resiliencia industrial de las principales economías.

Los ministros comerciales del Grupo de los Siete trataron el suministro de minerales críticos como una prioridad, especialmente por la posición dominante de China en mercados vinculados a tierras raras y otros insumos estratégicos. Francia, que ejerce la presidencia del G7, busca convertir este tema en uno de los resultados relevantes antes de la cumbre de líderes prevista para junio.

La discusión tiene alta importancia para países productores como Chile. El cobre, el litio y otros minerales estratégicos son piezas centrales para la transición energética, la electromovilidad, la fabricación de baterías, las redes eléctricas, la industria tecnológica, la defensa y los nuevos sistemas productivos asociados a inteligencia artificial y automatización.

El G7 observa estos recursos desde una perspectiva de seguridad económica. La preocupación no se limita al precio de los minerales, sino a la concentración de procesamiento, refinación y suministro en determinados países. En ese escenario, las economías industrializadas buscan diversificar proveedores, fortalecer alianzas y reducir vulnerabilidades frente a eventuales restricciones comerciales o tensiones geopolíticas.

La dependencia de China es uno de los factores más sensibles. El país asiático mantiene una posición dominante en cadenas de valor asociadas a tierras raras, baterías y procesamiento de minerales. Para Estados Unidos, Europa, Japón y Canadá, esta concentración representa un riesgo para industrias consideradas estratégicas, desde vehículos eléctricos hasta tecnologías de defensa.

La agenda no es nueva, pero está entrando en una fase más institucional. El G7 también discute la posibilidad de crear una unidad permanente para dar seguimiento a su agenda de minerales críticos, con el fin de asegurar continuidad más allá de las presidencias rotativas del grupo. Entre las alternativas se ha mencionado que esa secretaría podría vincularse a organismos como la Agencia Internacional de Energía o la OCDE.

Para Chile, esta discusión abre una ventana de oportunidad. El país no solo posee reservas y producción relevante de cobre y litio; también cuenta con experiencia minera, institucionalidad sectorial, proveedores especializados, infraestructura portuaria y una posición territorial estratégica en el Pacífico Sur. Sin embargo, esa ventaja debe traducirse en una propuesta más robusta para insertarse en las cadenas globales de minerales críticos.

El norte chileno puede jugar un rol clave en esa etapa. Antofagasta, Tarapacá y Atacama concentran operaciones, proyectos, servicios, capital humano y capacidades logísticas que podrían vincularse de manera más directa con la demanda internacional por seguridad de suministro. La oportunidad no se limita a extraer minerales, sino a avanzar en trazabilidad, estándares ambientales, continuidad operacional, innovación, procesamiento y encadenamientos productivos.

La discusión del G7 también refuerza la importancia de los estándares. Las economías compradoras buscarán proveedores confiables, con reglas claras, información transparente y capacidad de sostener producción bajo criterios ambientales y sociales más exigentes. Esto puede favorecer a países con trayectoria minera, pero también exige mejorar permisos, gestión territorial, productividad y coordinación público-privada.

En este nuevo escenario, los minerales críticos dejan de ser un asunto técnico de la industria minera y pasan a formar parte de la política comercial, energética e industrial de las grandes economías. Para Chile, el mensaje es claro: el cobre y el litio se han convertido en activos estratégicos para el mundo, y el país necesita una agenda capaz de capturar esa oportunidad con visión productiva y territorial.

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