- El país vecino busca capitalizar una cartera de proyectos cupríferos y litíferos mientras compite por inversión minera regional.
Argentina busca transformarse en un nuevo actor de peso en el mercado mundial del cobre, en medio de una reactivación minera marcada por reformas regulatorias, interés de grandes compañías y una cartera de proyectos que podría modificar el equilibrio productivo de Sudamérica.
El país vecino concentra una cartera de inversión minera estimada en US$62.700 millones, de los cuales cerca de US$42.000 millones corresponden a proyectos de cobre. El cobre domina la nueva ola de inversión, por sobre los US$18.000 millones asociados al litio, lo que confirma un giro relevante en la estrategia minera argentina.
El dato es relevante para Chile, porque instala una nueva presión competitiva en la región. Argentina no produce cobre a gran escala desde el cierre de Alumbrera en 2018, pero cuenta con una cartera de proyectos que podría posicionarla entre los diez principales productores mundiales hacia 2035, si logra resolver sus desafíos de permisos, infraestructura, financiamiento y legitimidad territorial.
La ofensiva argentina se apoya en proyectos como Los Azules, Taca Taca, El Pachón y Agua Rica, además de iniciativas vinculadas a grandes compañías mineras e inversionistas internacionales. En este escenario, el país busca convertir su potencial geológico en producción efectiva, capturando el interés global por minerales críticos para la transición energética.
Uno de los elementos que más ha incidido en el nuevo ciclo es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, conocido como RIGI. Este instrumento entrega estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria por 30 años para proyectos que cumplan determinados requisitos de inversión. El programa ya cuenta con proyectos aprobados por US$25.500 millones y se ha convertido en una pieza central de la estrategia argentina para atraer capital.
El ministro de Minería de Argentina, Luis Lucero, proyectó que el país podría exportar US$12.100 millones en litio y US$20.600 millones en cobre dentro de una década. Además, señaló que los proyectos mineros aprobados y presentados bajo el RIGI suman US$50.700 millones, cifra que confirma el avance de una estrategia agresiva para posicionar al país en el mapa global de minerales críticos.
Para Chile País Minero, la lectura debe hacerse desde el norte chileno. Antofagasta, Tarapacá y Atacama conservan ventajas estructurales en producción, infraestructura, proveedores, puertos, experiencia operacional y capital humano. Sin embargo, la competencia ya no se define solo por reservas, sino por la capacidad de ejecutar proyectos en plazo, destrabar inversión, fortalecer permisos, asegurar energía, resolver temas de agua y sostener relaciones comunitarias.
Argentina ofrece una combinación de alto potencial y alto riesgo. Su estructura federal entrega a las provincias un rol decisivo en la administración de los recursos naturales, lo que genera diferencias relevantes entre jurisdicciones. Provincias como San Juan, Catamarca y Salta aparecen como más favorables al desarrollo minero, mientras otras mantienen mayores restricciones o tensiones sociales.
El avance argentino también se mueve dentro de una disputa geopolítica más amplia. Estados Unidos, China, Europa y otras economías industriales buscan asegurar suministro de cobre, litio y minerales estratégicos. Argentina intenta capitalizar esa competencia sin romper sus vínculos con China, que mantiene presencia relevante en el litio, pero al mismo tiempo busca acercarse a fuentes occidentales de financiamiento y respaldo institucional.
El desafío estará en la ejecución. Analistas del sector advierten que los proyectos ganadores no serán necesariamente los que tengan mejores presentaciones, sino aquellos que reduzcan incertidumbres en permisos, infraestructura, comunidad, calidad del producto y solidez financiera. Esa definición es clave para Chile, porque marca el tipo de competencia que viene: menos retórica y más capacidad real de ejecución.
Para el ecosistema minero chileno, la señal es clara. Argentina está intentando transformar su potencial cuprífero en una plataforma de inversión de largo plazo. Chile sigue teniendo una posición dominante en cobre, pero deberá defender ese liderazgo con nuevos proyectos, mejoras regulatorias, continuidad operacional, capital humano y una agenda de productividad que conecte minería, energía, proveedores y logística.
La carrera regional por el cobre ya no es una posibilidad futura. Está en marcha. Y aunque Chile conserva ventajas evidentes, el movimiento argentino confirma que la competencia por minerales críticos será cada vez más intensa, técnica y geopolítica.
