- Cochilco proyecta que el agua de mar representará el 67,6% del uso hídrico en la minería del cobre hacia 2034.
La minería chilena avanza hacia un cambio estructural en su matriz hídrica. Según datos de la Comisión Chilena del Cobre, Cochilco, el agua de mar representaría el 67,6% del uso hídrico de la minería del cobre hacia 2034, consolidando a la desalación como una pieza clave para la continuidad operacional y el desarrollo de nuevos proyectos en el país.
La proyección confirma una tendencia que ya marca a las principales regiones mineras del norte, especialmente Antofagasta, Tarapacá y Atacama, donde la escasez hídrica, la presión sobre fuentes continentales y las exigencias ambientales han acelerado el uso de agua de mar, tanto desalinizada como directa, en operaciones de gran escala.
Este cambio reduce la dependencia de acuíferos, cuencas y fuentes continentales, pero también abre nuevos desafíos técnicos, ambientales y regulatorios. Uno de los principales puntos de atención está en el manejo de la salmuera, subproducto del proceso de desalación que debe ser gestionado con altos estándares para evitar impactos sobre los ecosistemas costeros.
Desde una mirada técnica, el vertimiento de salmuera se ha convertido en uno de los focos relevantes dentro de la evaluación ambiental de los proyectos desaladores. Su concentración salina, temperatura, composición química y forma de descarga pueden incidir sobre el medio marino si no existen sistemas adecuados de dilución, dispersión y monitoreo.
El gerente de Agua de GHD Chile, David Anabalón, explicó que entre los avances aplicados a nivel internacional se incluyen sistemas de dilución avanzada, difusores submarinos optimizados y reutilización de salmuera en procesos industriales. Estas soluciones buscan reducir los efectos de la descarga y mejorar la compatibilidad entre infraestructura productiva y protección ambiental.
El ejecutivo agregó que GHD ha participado a nivel internacional en el diseño y evaluación de soluciones integradas de desalación que incorporan modelación oceanográfica avanzada, monitoreo ambiental continuo y estrategias de economía circular asociadas a la salmuera.
“Estas aproximaciones permiten mitigar los potenciales impactos de los proyectos, comunicar y mejorar la relación con las comunidades locales y dar cumplimiento sostenido a las regulaciones vigentes”, señaló Anabalón.
La discusión cobra especial relevancia porque el crecimiento de la desalación minera no solo implica construir plantas. También requiere obras marítimas, sistemas de captación, emisarios submarinos, ductos de impulsión, estaciones de bombeo, infraestructura energética, servidumbres, permisos ambientales y acuerdos territoriales. Cada proyecto debe resolver una ecuación compleja entre seguridad hídrica, costo operacional, impacto ambiental y relación con comunidades costeras.
En el norte de Chile, esta transición tiene impacto directo sobre la competitividad minera. La disponibilidad de agua es una condición crítica para sostener producción de cobre, habilitar expansiones, reducir riesgos operacionales y entregar viabilidad a nuevas inversiones. Sin embargo, el avance de desaladoras también exige una planificación costera más integrada, especialmente en zonas donde convergen puertos, caletas, actividades industriales, áreas protegidas y comunidades locales.
De cara a los próximos años, la proyección de nuevas plantas desaladoras multipropósito podría cambiar la forma en que se administra el recurso. Estos proyectos no solo podrían abastecer operaciones mineras, sino también entregar soluciones para consumo humano, industria, energía, agricultura o servicios, siempre que exista una adecuada coordinación pública, privada y territorial.
En ese escenario, el manejo de la salmuera evolucionará desde una lógica de disposición hacia una gestión activa. Esto implica mayor inversión en innovación, ingeniería ambiental, monitoreo oceanográfico, tecnologías de recuperación y estrategias de valorización. La economía circular también puede abrir oportunidades para estudiar usos industriales de componentes presentes en la salmuera, aunque su aplicación depende de viabilidad técnica, escala y costos.
Anabalón sostuvo que esta nueva etapa implicará mayores exigencias técnicas, inversiones en innovación y una planificación costera integrada, donde la ingeniería ambiental jugará un rol clave para compatibilizar desarrollo productivo y protección de los ecosistemas marinos.
Para Chile País Minero, el punto central está en la relación entre minería, agua y territorio. La desalación aparece como una respuesta concreta a la presión hídrica del norte, pero su expansión debe ejecutarse bajo criterios ambientales robustos, participación temprana, transparencia técnica y monitoreo permanente. La minería del cobre necesitará cada vez más agua de mar, pero también deberá demostrar que puede utilizarla con responsabilidad.
La transición hídrica de la minería chilena ya está en marcha. El desafío será convertir la desalación en una herramienta de desarrollo sostenible, capaz de asegurar continuidad operacional, reducir presión sobre fuentes continentales y proteger los ecosistemas marinos que sostienen la vida y la actividad económica del borde costero.
