• SQM proyecta que el carbonato de litio se mantendrá entre US$15 y US$18 por kilo en 2026, marcando un nuevo equilibrio del mercado.

La chilena SQM anticipa un escenario de estabilización para el mercado del litio en 2026, tras un ciclo de alta volatilidad que llevó los precios desde máximos históricos a mínimos operacionales en los últimos años.

En declaraciones a Reuters, el vicepresidente de litio de la compañía, Carlos Díaz, proyecta que el precio del carbonato de litio se ubicará en un rango de entre US$15 y US$18 por kilogramo durante este año.

El ejecutivo precisó que, si bien pueden existir fluctuaciones puntuales —con valores cercanos a US$20 o caídas hacia US$12—, el mercado ya no retornaría a los niveles extremos observados recientemente, donde el precio cayó a US$7-$8/kg en 2025 ni a los máximos cercanos a US$50/kg registrados durante el boom del litio.

Este nuevo rango refleja un reordenamiento del mercado tras un período de sobreoferta que presionó los precios a la baja. La posterior reducción de producción, junto con restricciones en países como China y Zimbabwe, ha contribuido a un ajuste en la oferta, mientras la demanda comienza a recuperarse.

En paralelo, factores estructurales siguen impulsando el consumo de litio. El crecimiento de la electromovilidad, el desarrollo de sistemas de almacenamiento energético y la expansión de centros de datos vinculados a inteligencia artificial están elevando la necesidad de baterías, consolidando al litio como un mineral estratégico para la transición energética.

Díaz también advirtió que variables geopolíticas —como tensiones en Medio Oriente— podrían acelerar la demanda por vehículos eléctricos, reforzando el consumo del mineral al reducir la dependencia del petróleo.

Para Chile, este escenario tiene implicancias directas. Como uno de los principales productores mundiales de litio, la estabilización de precios en niveles intermedios podría favorecer la planificación de inversiones, aunque con márgenes más ajustados respecto del ciclo alcista anterior.

Desde una mirada territorial, regiones como Antofagasta y Tarapacá —donde se concentra la producción en salares— enfrentan el desafío de sostener competitividad en un mercado que deja atrás la volatilidad extrema y entra en una fase más madura.

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