- El precio del cobre promedió US$4,5 la libra en 2025, pero la producción nacional cayó 1,6% y llegó a 5,42 millones de toneladas.
Chile cerró 2025 con una señal contradictoria para su principal industria minera: el cobre tuvo un mejor precio internacional, pero la producción nacional volvió a retroceder. Así lo expone el Reporte Anual 2025 del Consejo Minero, documento que identifica una brecha crítica entre el atractivo económico del metal rojo y la capacidad real del país para transformar ese escenario en mayor volumen productivo.
El precio promedio del cobre alcanzó US$4,5 la libra durante 2025, un 8,7% más que el año anterior. El registro confirmó un año favorable para el metal, impulsado por una demanda sostenida, eventos disruptivos en la oferta mundial y una mayor valoración del cobre como activo estratégico para la transición energética, la electrificación, la infraestructura y las cadenas industriales asociadas a minerales críticos.
Sin embargo, el mejor precio no fue acompañado por un mejor desempeño productivo. La producción nacional de cobre llegó a 5,42 millones de toneladas, lo que representó una baja anual de 1,6%. Para el Consejo Minero, este resultado volvió a demostrar que, pese a las cuantiosas inversiones del sector, no resulta simple convertir los desembolsos de capital en un auge productivo inmediato.
El dato duro: mejor precio, menor volumen
La tensión central del balance está en la distancia entre precio y producción. Mientras el mercado internacional entregó mejores condiciones para el cobre chileno, las operaciones locales no lograron sostener una trayectoria ascendente. El reporte señala que se esperaba que el alza productiva registrada en 2024 marcara un cambio de tendencia luego de varios años de estancamiento, pero los resultados de 2025 corrigieron esa expectativa.
Entre las operaciones que más incidieron en la caída nacional aparece Collahuasi, con una baja de 153 mil toneladas, equivalente a una contracción de 27%. También destaca El Teniente, con una reducción de 46 mil toneladas y una caída de 13%. Estas disminuciones pesaron sobre el total nacional y explican parte relevante del retroceso anual.
En el extremo contrario, algunas operaciones mostraron avances importantes. Escondida aumentó su producción en 68 mil toneladas, equivalente a 5,3%; Capstone Copper subió en 55 mil toneladas, con un crecimiento de 54%; y Salvador incrementó su producción en 41 mil toneladas, con una variación de 728%. Estos aumentos, pese a su magnitud relativa, no alcanzaron para compensar las bajas de otras faenas relevantes.
Codelco recupera participación, pero no cambia el cuadro general
El reporte también entrega una lectura relevante sobre Codelco. La estatal, considerando todas sus divisiones, prácticamente mantuvo su producción en torno a 1,33 millones de toneladas. Esto permitió frenar el declive progresivo de su participación en la producción nacional, que había llegado a un mínimo de 24% en 2024 y se recuperó a 27% en 2025.
El dato es significativo porque ocurre en un periodo de alta exigencia para la empresa pública, marcada por proyectos estructurales, desafíos operacionales y presión por recuperar niveles productivos. No obstante, el comportamiento agregado del país muestra que la estabilización de Codelco no fue suficiente para revertir la baja nacional del cobre.
La meta de 6 millones de toneladas se aleja
Uno de los elementos más relevantes del informe es el ajuste de expectativas sobre la producción futura. Según el reporte, Cochilco actualiza anualmente sus proyecciones de producción nacional de cobre con un horizonte de diez años, considerando la cartera de proyectos. La caída registrada en 2025 llevó a revisar a la baja esas estimaciones.
La expectativa de superar los 6 millones de toneladas en 2027 desapareció del escenario inmediato. El umbral, de acuerdo con la proyección recogida por el Consejo Minero, podría alcanzarse recién en 2033, aunque existen escenarios máximos donde Chile podría superar los 7 millones de toneladas durante la próxima década.
Este punto es clave para regiones mineras como Tarapacá, Antofagasta y Atacama, donde se concentra una parte sustantiva de la gran minería chilena. La capacidad de sostener producción no solo incide en exportaciones, sino también en empleo, encadenamientos productivos, contratación de proveedores, inversión territorial y generación de recursos fiscales.
El informe también conecta la menor producción con un desafío de competitividad. Según los antecedentes del Consejo Minero, los costos y gastos operacionales unitarios de las empresas muestran que producir cobre en Chile promedió US$3,6 por libra, mientras que un benchmark internacional se ubicó en US$3,25 por libra.
La diferencia implica que producir cobre en Chile fue, en promedio, 11% más costoso que en el resto del mundo. Para una industria intensiva en capital, energía, agua, permisos, infraestructura y tecnología, esa brecha representa una señal de alerta. El buen precio del metal puede mejorar los ingresos del sector, pero no elimina los problemas de productividad, ejecución de proyectos, costos operacionales y tramitación regulatoria.
El reporte advierte que no basta con asumir que precios atractivos aseguran inversión. Las compañías evalúan proyectos en una cartera global, comparan rentabilidad, riesgo, plazos de aprobación, estabilidad regulatoria, costos de construcción y condiciones operacionales. En ese tablero, Chile compite con otros distritos mineros que también buscan captar capital para nuevos proyectos de cobre y minerales críticos.
Durante 2025, el precio del cobre también estuvo influido por eventos externos. El reporte menciona disrupciones relevantes en la oferta mundial, como la inundación en Kamoa Kakula, en República Democrática del Congo; el accidente en El Teniente; y otro evento en Grasberg, Indonesia, una de las mayores minas de cobre del mundo.
Estos factores, junto con anuncios de dificultades productivas, llevaron a que en el tercer trimestre se proyectara que la oferta mundial de cobre de mina crecería apenas 0,6% durante el año, mientras la demanda avanzaría 2,8%. Esa brecha entre oferta y demanda presionó el precio al alza durante la última parte de 2025.
El Consejo Minero también advierte un cambio adicional: el cobre ha adquirido un mayor rol como instrumento financiero. Esto implica que su precio ya no depende solamente de los fundamentos productivos tradicionales, sino también de expectativas, volatilidad, cobertura de riesgo y comportamiento de inversionistas. En un año convulsionado, el metal pudo actuar incluso como refugio financiero.
Una alerta para la política minera
La lectura que deja el balance 2025 es clara: Chile conserva una posición estratégica en el mercado mundial del cobre, pero enfrenta dificultades para convertir mejores precios en mayor producción. El desafío no está solo en tener recursos geológicos, sino en acelerar proyectos, mejorar competitividad, reducir incertidumbre regulatoria, sostener inversión y fortalecer capacidades operacionales.
El buen precio del cobre abre una ventana de oportunidad, pero la caída de la producción muestra que esa ventana no se aprovecha automáticamente. La discusión minera de 2026 estará marcada por esa tensión: Chile tiene demanda, precio y reservas, pero necesita convertir ese potencial en producción efectiva, inversión ejecutada y desarrollo territorial sostenible.
