• El dólar cerró este martes sobre los $900 en Chile, en una jornada marcada por la fortaleza global de la divisa estadounidense, la tensión geopolítica internacional y un cobre que volvió a operar en zonas de máximos históricos, pero que no logró revertir completamente la presión externa sobre el peso chileno.

La moneda estadounidense terminó la sesión cerca de los $900,05, con un avance superior a los $2,4 respecto del cierre anterior, equivalente a un alza mayor al 0,28%. El movimiento confirmó una sesión de presión cambiaria para el mercado local, pese a que el principal producto de exportación del país mantuvo un desempeño favorable en los mercados internacionales.

De acuerdo con el análisis de Felipe Sepúlveda Soto, analista jefe de Admirals Latinoamérica, el comportamiento del tipo de cambio respondió principalmente a la fortaleza global del dólar. El Dollar Index avanzó 0,47% hasta los 98,09 puntos, apoyado por un escenario internacional todavía dominado por la tensión geopolítica en Medio Oriente, el petróleo en niveles elevados y la expectativa de que la Reserva Federal mantenga una postura cautelosa frente a nuevas decisiones de política monetaria.

El dato de inflación de abril en Estados Unidos también influyó en la lectura del mercado. La variación anual llegó a 3,8%, por sobre las expectativas previas, aunque la reacción de los inversionistas fue acotada. Parte relevante del aumento estuvo asociada al componente energético y a factores específicos, por lo que el mercado no modificó de manera significativa su visión sobre la trayectoria de la Reserva Federal.

En Chile, el avance del dólar fue contenido por el cobre, que subió 0,55% hasta los US$6,52 la libra, ubicándose en zonas de máximos históricos. El metal rojo sigue respaldado por expectativas de demanda estructural vinculadas a inteligencia artificial, centros de datos, redes eléctricas, electromovilidad y electrificación, factores que han fortalecido la visión de largo plazo sobre el consumo global de cobre.

La cotización del metal resulta especialmente relevante para la economía chilena y para regiones como Tarapacá, Antofagasta y Atacama, donde la actividad minera sostiene empleo, inversión, proveedores, infraestructura logística, desarrollo portuario y generación de recursos fiscales. En condiciones normales, un cobre elevado tiende a entregar soporte al peso chileno, debido al mayor ingreso esperado de divisas asociado a exportaciones mineras.

Sin embargo, la sesión mostró que el impulso del cobre no siempre basta para compensar un escenario externo adverso. Cuando el dólar se fortalece a nivel global, los mercados emergentes suelen enfrentar mayor presión cambiaria, especialmente si existe incertidumbre sobre tasas de interés, inflación internacional, precio del petróleo o riesgos geopolíticos. En ese contexto, el peso chileno logró moderar la depreciación, pero no consiguió evitar el cierre sobre la barrera psicológica de los $900.

Otro elemento observado por el mercado corresponde a los riesgos de oferta asociados al cobre. Las restricciones en ácido sulfúrico y otros insumos críticos podrían afectar la producción en operaciones que dependen de estos elementos para mantener continuidad productiva. Esta preocupación ha reforzado el precio del metal, en un momento en que la demanda proyectada por transición energética y digitalización mantiene presión sobre el equilibrio global entre oferta y consumo.

Para la minería chilena, el escenario tiene una doble lectura. Por una parte, un cobre en máximos mejora las expectativas de ingresos, inversión, contratación de servicios especializados y dinamismo regional. Por otra, un dólar alto puede encarecer componentes importados, tecnología, maquinaria, repuestos, combustibles y ciertos costos financieros, lo que obliga a las empresas a revisar con mayor precisión sus estructuras de costos y planes de abastecimiento.

En el Norte Grande, donde se concentra una parte decisiva de la minería del cobre, el comportamiento conjunto del dólar y del metal rojo impacta directamente en decisiones de inversión, competitividad de proveedores, planificación logística y actividad económica regional. Antofagasta, Tarapacá y Atacama observan estos movimientos no solo como variables financieras, sino como señales para la continuidad de proyectos, expansión industrial y generación de empleo técnico.

La jornada dejó así un mensaje claro para el mercado local: el cobre continúa siendo un soporte relevante para la economía chilena, pero el tipo de cambio permanece altamente expuesto a factores externos. Mientras persistan la cautela monetaria en Estados Unidos, la presión inflacionaria, el petróleo elevado y la tensión geopolítica, el dólar podría mantener episodios de volatilidad incluso con precios favorables para el principal producto minero del país.

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