- La demanda laboral estará marcada por recambio generacional, nuevos proyectos, automatización y fuerte presión formativa en regiones mineras.
La gran minería chilena enfrentará una década decisiva en materia de capital humano. El Estudio de Fuerza Laboral de la Gran Minería Chilena 2025–2034, elaborado por la Alianza CCM–Eleva, proyecta que la industria requerirá 36.895 nuevos trabajadores al año 2034, en un escenario condicionado por el retiro de dotaciones actuales, la entrada de nuevas inversiones, la incorporación de tecnologías autónomas y la necesidad de fortalecer la formación técnica y profesional en los territorios mineros del país.
El informe, presentado como la décima versión del estudio, fue desarrollado junto a empresas mineras y proveedoras del sector, con patrocinio del Ministerio de Minería. Su diagnóstico apunta a uno de los principales desafíos estructurales de la industria: asegurar disponibilidad de talento especializado para sostener la continuidad operacional de faenas cada vez más complejas, tecnologizadas y exigentes en seguridad, productividad y mantenimiento.
De acuerdo con el estudio, la mayor parte de la demanda proyectada no se explica por expansión directa de empleo, sino por reemplazo de trabajadores que saldrán de la industria durante la próxima década. El 87,4% de los requerimientos laborales responderá a recambio por retiro, mientras que el 12,6% estará asociado a nuevos proyectos. Esta composición confirma que el desafío no está solo en abrir nuevos cupos, sino en preparar con anticipación a quienes deberán ocupar posiciones críticas para la operación minera.
El peso territorial de esta demanda será especialmente relevante para el norte del país. Antofagasta concentrará 18.480 nuevos trabajadores, equivalentes al 50,1% de la demanda nacional proyectada, consolidando su rol como principal polo laboral de la gran minería chilena. Luego aparecen la Macrozona Centro, con 7.625 trabajadores; Atacama, con 5.910; Tarapacá, con 2.742; y Coquimbo, con 2.138.
Para regiones como Antofagasta, Atacama y Tarapacá, el dato tiene implicancias directas en educación técnico-profesional, empleabilidad juvenil, reconversión laboral, atracción de mujeres a carreras mineras y articulación entre empresas, liceos técnicos, centros de formación técnica, institutos profesionales y universidades. La magnitud de la demanda obliga a mirar el empleo minero como una agenda territorial de largo plazo, no solo como una oferta laboral puntual.
El estudio identifica que los perfiles más demandados estarán vinculados a la operación y al mantenimiento. Entre ellos destacan mantenedores mecánicos, operadores de equipos móviles y fijos, profesionales del área de mantenimiento y perfiles técnicos con competencias digitales, especialmente en faenas que incorporan sistemas automatizados, monitoreo remoto, análisis de datos y centros integrados de operación.
La transformación tecnológica aparece como otro eje central. Según los antecedentes difundidos por CCM–Eleva, la cantidad de camiones autónomos de gran tonelaje pasaría de 178 a 550 a nivel país durante la próxima década. A esto se suma la expansión de centros integrados de operación, que ya controlan procesos a distancia y modifican la forma tradicional de trabajar en minería.
Este cambio no elimina la necesidad de trabajadores, pero sí redefine el tipo de competencias requeridas. La minería demandará perfiles capaces de operar en entornos híbridos, donde la experiencia en terreno deberá convivir con interpretación de datos, control remoto, mantenimiento predictivo, seguridad operacional avanzada y dominio de herramientas digitales. En esa línea, la formación continua y la actualización de capacidades serán factores determinantes para evitar brechas entre oferta formativa y demanda real de la industria.
El informe también se vincula con el avance de la participación femenina en minería. Datos de la Alianza CCM–Eleva muestran que la presencia de mujeres en la dotación interna de empresas de la gran minería alcanzó 23,1% durante el primer semestre de 2025, con 12.280 mujeres sobre un total de 53.106 trabajadores en las empresas participantes.
Ese crecimiento abre una oportunidad relevante para ampliar la base laboral del sector. Sin embargo, el desafío no se limita al ingreso de más mujeres a la industria, sino también a su permanencia, progresión y acceso a funciones técnicas, operacionales y de liderazgo. En paralelo, la matrícula femenina en carreras vinculadas a minería ha mostrado un avance significativo, con un aumento desde 3.500 estudiantes en 2022 a más de 7.000 en 2024, según antecedentes difundidos en torno al monitoreo de género de CCM–Eleva.
Para Chile País Minero, este escenario confirma que la discusión sobre empleo minero debe abordarse con una mirada de anticipación. La demanda proyectada al 2034 no solo exigirá más vacantes, sino también mejores trayectorias formativas, mayor coordinación público-privada y una planificación territorial capaz de conectar las necesidades de la gran minería con las oportunidades reales para estudiantes, trabajadores y proveedores de las regiones mineras.
El estudio instala una señal clara: la próxima década no estará marcada únicamente por nuevos proyectos o mayores niveles de inversión, sino por la capacidad del país para formar, atraer y retener el talento que hará posible sostener la operación minera en un contexto de automatización, recambio generacional y mayor exigencia tecnológica.
