• BMI, unidad de análisis de Fitch Solutions, mantuvo su proyección del precio promedio del cobre en US$11.000 por tonelada para 2026, en un escenario marcado por una oferta global ajustada, déficits persistentes y una demanda estructural ligada a la transición energética, pese a la debilidad del sector inmobiliario chino.

La consultora BMI, unidad de análisis de Fitch Solutions, mantuvo su proyección del precio promedio anual del cobre para 2026 en US$11.000 por tonelada, en un contexto marcado por una oferta global cada vez más ajustada y una demanda estructuralmente sólida vinculada a la transición energética, factores que compensan la debilidad persistente del sector inmobiliario chino.

De acuerdo con su último informe de perspectivas, BMI señala que, tras un período dominado por la incertidumbre arancelaria durante la primera mitad de 2025, los shocks prolongados de oferta se consolidaron como el principal motor del repunte del cobre desde septiembre del año pasado. Este escenario llevó al metal rojo a promediar US$9.934/t entre enero y diciembre de 2025, alcanzando incluso un máximo histórico superior a US$12.000/t el 23 de diciembre.

En el plano macroeconómico, la consultora indica que el índice del dólar estadounidense se mantiene contenido en un rango de 95 a 100, mientras el ciclo de flexibilización monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos continúa apoyando los precios de los metales. No obstante, BMI advierte que este impulso podría moderarse hacia fines de 2026, a medida que la política monetaria pierda fuerza y persistan las tensiones comerciales.

Uno de los focos de riesgo sigue siendo Estados Unidos, donde el cobre refinado se encuentra bajo revisión para eventuales aranceles sectoriales. Según BMI, si estas medidas se concretan —con tasas de hasta 15% desde 2027 y 30% desde 2028—, se profundizarían las distorsiones regionales del mercado, especialmente por el traslado de inventarios hacia EE.UU. En ese contexto, los stocks en Comex alcanzaron cerca de 457 mil toneladas a diciembre de 2025, mientras las existencias con warrant en la Bolsa de Metales de Londres cayeron más de 59% interanual, reflejando una creciente fragilidad del sistema.

Demanda: China desacelera, pero no colapsa

Por el lado de la demanda, BMI reconoce que China continental, principal consumidor mundial de cobre, enfrenta un escenario desafiante debido a la prolongada contracción de su mercado inmobiliario. La inversión en el sector acumuló una caída cercana al 16% interanual entre enero y noviembre de 2025, mientras los indicadores PMI manufactureros y no manufactureros se mantienen en zona contractiva.

Sin embargo, la consultora subraya que esta debilidad está siendo parcialmente compensada por el fuerte dinamismo de sectores como vehículos eléctricos y energías renovables, claves para sostener el consumo de cobre en el mediano plazo. A ello se suma una estabilización gradual de la economía global y una menor incertidumbre comercial, que aportarían soporte adicional a la demanda fuera de China.

Oferta: foco en interrupciones y rol de Chile

Desde la perspectiva de la oferta, BMI anticipa que el mercado del cobre entrará en déficit durante 2026, reforzando el sesgo alcista de los precios. Si bien la producción minera global crecería en torno al 3,3% interanual, esta recuperación depende de la normalización de grandes operaciones afectadas por interrupciones en 2025.

En este punto, Chile mantiene un rol estratégico. BMI identifica la recuperación de El Teniente, una de las mayores minas subterráneas de cobre del mundo, como un factor relevante dentro del ajuste de la oferta global, junto con Grasberg en Indonesia y Kamoa-Kakula en la RDC. Aun así, la consultora advierte que persisten riesgos operacionales, retrasos en proyectos y menores leyes, lo que podría seguir tensionando la disponibilidad de concentrados.

Mirada de largo plazo: transición energética como motor

En su análisis de largo plazo, BMI proyecta que el déficit estructural del cobre se profundizará conforme avance la transición energética global. La firma estima que los precios podrían alcanzar US$17.000/t hacia 2034, impulsados por una demanda robusta asociada a electromovilidad, energías renovables e infraestructura eléctrica.

El cobre es un insumo crítico en este proceso: un vehículo eléctrico a batería requiere más del doble de cobre que uno convencional, mientras que tecnologías como la energía eólica marina y la solar demandan volúmenes significativamente mayores por megavatio instalado. Este escenario refuerza la relevancia de países productores como Chile en el equilibrio futuro del mercado.

Riesgos al alza y a la baja

Finalmente, BMI advierte que su proyección no está exenta de riesgos. Un deterioro mayor de la economía china o una reversión de las tensiones arancelarias podría aliviar el mercado y presionar los precios a la baja. En contraste, nuevas interrupciones de suministro, una recuperación más lenta de operaciones clave o un repunte inesperado del sector inmobiliario chino podrían empujar el cobre aún más arriba.

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