- Estados Unidos destinó más de US$1.000 millones a minerales críticos en Latinoamérica, reforzando la seguridad de suministro y la competencia global.
Estados Unidos ha invertido más de US$1.000 millones en proyectos de minerales críticos en Latinoamérica desde 2025, con foco en litio, cobre y tierras raras, en una estrategia orientada a fortalecer cadenas de suministro vinculadas a la transición energética y la seguridad tecnológica global.
El flujo de financiamiento refleja un cambio estructural en la forma en que los gobiernos y mercados perciben la minería estratégica. Según un informe citado por el medio especializado Mining.com, los minerales críticos dejaron de ser considerados únicamente commodities asociados a la transición energética para transformarse en activos clave de seguridad nacional y competitividad industrial.
La inversión estadounidense se ha canalizado mediante préstamos, participación accionaria y acuerdos de offtake que buscan asegurar el suministro hacia cadenas productivas alineadas con Washington. Proyectos en Argentina y Brasil han captado atención directa de agencias financieras y organismos multilaterales, evidenciando el interés geopolítico por diversificar fuentes de abastecimiento frente al predominio chino en el procesamiento de tierras raras.
En este contexto, Latinoamérica adquiere relevancia estratégica al concentrar cerca de 60% de las reservas globales de litio, lo que posiciona a países como Argentina, Brasil y Chile en el centro de la disputa por asegurar recursos clave para electromovilidad, tecnologías digitales y defensa.
El escenario también se vincula con iniciativas comerciales y diplomáticas más amplias impulsadas por Estados Unidos, orientadas a establecer acuerdos con aliados para garantizar precios mínimos, promover inversiones y desarrollar nuevas tecnologías asociadas a minerales estratégicos. Estas acciones buscan reducir la dependencia de China, que actualmente domina más del 90% del procesamiento global de tierras raras.
Para la industria minera regional, este nuevo ciclo de financiamiento abre oportunidades de expansión productiva, exploración avanzada y fortalecimiento de infraestructura, aunque también introduce desafíos asociados a regulación, gobernanza territorial y competitividad entre bloques económicos.
